TI en Salud

28 de Diciembre, 2017

Columna de opinión publicada en la Revista Informática Médica, edición Nº 27, diciembre 2016,y en el Cluster Salud de la revista América Economía.


Con distintos matices, hoy en día todos los países OCDE cuentan con una estrategia de salud digital. Tan obvia es esta realidad que la más reciente investigación[1] de la división de salud de la OCDE enfocó el levantamiento de información en la preparación de los países integrantes para que sus sistemas de historia clínica compartida (EHR) contribuyeran a un sistema nacional de información e investigación en salud. La misma OMS ha elaborado un toolkitpara el desarrollo de estrategias nacionales de e-Health considerando las buenas prácticas internacionales y las directrices sanitarias mundiales.

Todas las estrategias de salud digital sustentan su desarrollo en la implementación del registro clínico electrónico (EMR) y en cómo éste incorpora la información relevante de sistemas de apoyo como resultados de laboratorio e imagenología y de estrategias complementarias como telemedicina y salud móvil. El fin de esta integración es tener una mirada del paciente en 360° y que la información esté disponible en el punto de entrega de servicios clínicos, permitiendo la orquestación de equipos multidisciplinarios en el proceso de atención.

En los países más avanzados la forma de implementar el registro clínico electrónico ha dejado de ser una preocupación, dado que su mirada ha evolucionado y está puesta en la integración de los datos para la continuidad del cuidado, una mejor calidad y seguridad en la atención y una mayor eficiencia en el uso de los recursos. Atrás han quedado definiciones ideológicas respecto de la propiedad del software, reconociendo que existen proveedores maduros y soluciones adaptables a las necesidades de cada país, a la vez que existen prestadores de salud con décadas de experiencia en el desarrollo e implementación de sus propias soluciones. El principio de neutralidad tecnológica implementado en las compras y contrataciones del Estado de Chile, practicado también a nivel privado, persigue precisamente aquello, no enfocarse en los tipos de tecnologías a utilizar, pero si en sus efectos. En cualquiera de estos dos escenarios, la estandarización de procesos, la implementación de perfiles de integración para asegurar la interoperabilidad semántica y sintáctica de la información, la gestión del cambio y el alineamiento de la estrategia de desarrollo tecnológico de cada centro de salud con su estrategia sanitaria son fundamentales.

A nivel gubernamental, la preocupación se debiera enfocar en generar directrices y marcos de referencia para la integración de la información, la utilización de vocabularios de referencia y maestros de entidades y una adecuada política de protección de datos de los pacientes que permita: garantizar la privacidad y confidencialidad de la información, gestionar la salud de la población y desarrollar líneas de investigación. Un primer avance es la Norma Técnica Nº 820 del Ministerio de Salud, de la cual se espera una actualización.

Por otro lado, considerando el escenario económico internacional, los países están buscando la implementación de estándares internacionales de intercambio de información y datos abiertos para la proliferación de una industria de emprendimiento en aplicaciones y soluciones digitales para la salud, de forma de entregar transparencia en las políticas y decisiones de tecnología en salud y dar respuestas creativas sustentadas en innovaciones tecnológicas a los problemas frecuentes y costosos de salud de la población.

Dados los índices de penetración de registro clínico electrónico en la salud pública y privada de Chile y en la valoración que otros países de Latinoamérica han puesto en las estrategias digitales de nuestro país, lo que se espera es que en lo que queda de la actual administración de salud y en la que venga se profundice la implementación de un marco de estandarización para el intercambio e integración de datos de salud que nos permita obtener valor de los más de 8 años de registro electrónico con los que, en promedio, cuenta nuestra atención primaria y hospitalaria, más que en forzar una ideología de propiedad de software e infraestructura, que han demostrado ser de corta vida en otros ámbitos del quehacer público y privado, más aún cuando las autoridades y tomadores de decisiones cambian cada tres a cuatro años.

La invitación es a seguir las recomendaciones de la OCDE, OMS/OPS, IHE, HIMSS y otros organismos internacionales para hacer realidad las promesas de continuidad del cuidado clínico de los pacientes, gestión de la salud poblacional, big data y analítica en salud, el pago por resultados (value based healthcare), la medicina predictiva y de precisión.

Por lo anterior, en los próximos años tenemos el desafió de direccionar nuestras fuerzas y pasar de la implementación del registro clínico electrónico e interoperabilidad de la información a la era del Business Inteligence y Analítica. El grafico siguiente visualiza el camino en tres etapas con el objetivo final de transformar información en conocimiento (Knowledge Management) y así crear un sistema de salud capaz de aprender y enfrentar con evidencia y proyecciones los crecientes desafíos de la salud poblacional.

Para llegar a Roma se pueden tomar distintos caminos, unos tardarán más que otros, pero todos deben apuntar a la meta de la analítica y Big data, donde todos pueden participar para mejorar la eficiencia, la equidad y la eficacia de las políticas públicas en salud.

Cada servicio de salud, red asistencial o centro de salud, ya sea público o privado, debe elaborar su estrategia digital acorde a su realidad y necesidades locales. Lo importante es que la visión no se limite a la meta de digitalizar los procesos al interior de los establecimientos, sino que permita poner en el centro de la estrategia la visión de una gestión integradora y retroalimentar a los gestores de la salud con información útil para la toma de decisiones y la continuidad del cuidado. Un hospital digital y una red integrada tienen el potencial para mejorar la calidad de la atención, la seguridad, la satisfacción y los resultados sanitarios de la población que busca mejor salud y con ello incrementar su calidad de vida.

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